Ciencia y salud, con la clave de las Escrituras

Es hora ya de precisar el contenido del famoso libro de Mrs. Eddy Science and Healt with the key to Scriptures, o sea, Ciencia y salud, con la clave de las Escrituras, y de buscar las razones por las que tuvo y sigue teniendo, sobre todo en los países anglosajones, un éxito tan prodigioso. Es necesario para poder entender que es una constelación familiar ya que son temas que van muy vinculados. No siendo teólogo el autor de este libro, no examinaremos las interpretaciones bíblicas que encierra. Nos limitaremos a dar aquí los artículos de fe de la Science chrétienne, enunciados en la página 497 del libro:

  1. En tanto que adeptos a la Verdad, tomamos la Palabra inspirada de la Biblia como guía suficiente para la Vida eterna.
  2. Reconocemos y adoramos a un Dios supremo e infinito. Reconocemos a Su Hijo, el solo Cristo; el Espíritu Santo o divino Consolador; y el hombre a imagen y semejanza de Dios.
  3. Reconocemos que el perdón del pecado por parte de Dios consiste en la destrucción del pecado y en la inteligencia espiritual que expulsa el mal como a cosa irreal. Pero la creencia en el pecado está castigada en tanto dure la creencia.
  4. Reconocemos la mediación de Jesús como la manifestación del Amor divino eficaz, revelando la unidad del hombre con Dios por Cristo Jesús, el Guía; y reconocemos que el hombre está salvado por Cristo, por la Verdad, la Vida y el Amor, como lo ha demostrado el Profeta galileo curando los enfermos y triunfando del pecado y de la muerte.
  5. Reconocemos que la crucifixión de Jesús y su resurrección sirvieron para elevar la fe hasta la comprensión de la Vida eterna, e incluso de la totalidad del Alma, del Espíritu y de la nada de la materia.
  6. Y prometemos solemnemente velar y orar para que este Entendimiento que estaba en Cristo Jesús esté igualmente en nosotros; hacer a los demás lo que querríamos que ellos nos hicieran; y ser misericordiosos, justos y puros.

En cuanto a la doctrina filosófica defendida por Ciencia y salud, es sencilla y franca, violentamente idealista y espiritualista. He aquí sus términos esenciales.
diosTodo es espiritual, y el principio de este mundo es Dios. La vida es una manifestación de Dios, es el Divino principio, pensamiento, alma, espíritu, no tiene principio ni fin El espíritu es sólo Dios, y el hombre está hecho a su imagen y semejanza La conciencia y la individualidad del hombre son reflejos de Dios, son emanaciones de Aquel que es verdad y amor; el hombre inmortal no es ni ha sido nunca material, sino que siempre ha sido espiritual y eterno. Puesto que todo es espiritual, la materia, el mal, el pecado, la pobreza, la enfermedad y la muerte no existen: La materia es la no realidad nada es espíritu más que Dios, y el mal no tiene realidad ¿Cuándo, pues, será desenmascarado el error de creer que el pecado, la enfermedad y la muerte son creaciones reales de Dios? Creer en estas ilusiones es un error absurdo que falsea el espíritu humano, es creer en el mortal mind, en el espíritu mortal.

Lo que se llama materia, no siendo dotada de inteligencia, no puede decir: sufro, muero, estoy enfermo, estoy bien; es el espíritu, llamado mortal, el que así se expresa. Para el sentido mortal, pecado y sufrimiento son reales, pero el sentido inmortal no contiene mal ni pestilencia. Decís que un absceso es doloroso, pero ello es imposible, porque la materia sin el espíritu no es dolorosa. El absceso manifiesta tan sólo, por la inflamación y la hinchazón, una creencia en el dolor, y a esta creencia es a lo que se llama absceso; que sea atenuada la creencia, y el enfermo sanará de su absceso.           ‘

Comprender que el espíritu es infinito, que no está limitado por la corporalidad, que no depende ni de sus oídos ni de sus ojos para ver y oír, ni de los músculos o de los huesos para andar, es un paso hacia la ciencia del espíritu.

Un hombre podría muy bien vivir sin sus pulmones si pensara que puede hacerlo ¡Qué importa la ulceración de sus pulmones! Dios es mucho más para el hombre que sus pulmones.

En resumen: La causa de cualquier enfermedad es mental, es una creencia mortal, una convicción errónea de la necesidad y del poder de la mala salud y un miedo de que el espíritu sea impotente para defender la vida Sin esta creencia humana, ninguna circunstancia tendría poder para producir el sufrimiento.

Las respuestas de Mrs. Eddy

Mrs. Eddy tiene respuestas para todas las objeciones que puedan hacerle:

Si un niño está enfermo, siempre es debido a que todos los que lo rodean tienen, miedosos, esta idea en su espíritu.

Si una dosis de veneno es ingerida por error, y el sujeto muere sin que nadie sepa que tomó veneno, ¿será también la creencia humana la que produjo aquella muerte? Sin duda alguna: la gran mayoría del género humano, aunque no sepa nada de este caso particular, cree que esta droga es un veneno mortal; ello está admitido por la mortal mind, y es esta mayoría de opiniones la que influye sobre el enfermo, más que la opinión de algunas personas presentes en su habitación Diréis que los caballos y las vacas no piensan en sus pulmones, pero los animales domésticos están controlados por el pensamiento de sus dueños humanos; somos nosotros quienes hemos corrompido a los caballos y a las vacas, y quienes les hemos enseñado la neumonía y el cólico.

A la siguiente pregunta, planteada en un pequeño folleto editado por la Christian Science, ¿El tratamiento por la ciencia cristiana puede conjugarse con el tratamiento médico?, se responde: No, porque Jesucristo, que declaró: El espíritu vivifica, la carne no sirve para nada, no empleó nunca remedios materiales de ninguna clase.

Con semejantes concepciones, la terapéutica es evidentemente fácil. En primer término, todo diagnóstico es superfluo, y en segundo lugar, son inútiles los tratamientos médicos o quirúrgicos y los cuidados higiénicos.

Para curar basta con negar, por medio del pensamiento, la existencia de la enfermedad, porque es puramente mental, y afirmar la existencia de la salud. Así se restablecerá la armonía normal.

La parálisis es una creencia en el poder de la materia, dice Mrs. Eddy; destruid esta creencia, demostrad al espíritu mortal que los músculos no tienen poder alguno que pueda ser perdido, que el espíritu les es siempre superior, y curaréis de la pará rálisis Oponed la verdad a cualquier forma de error: los tumores, las úlceras, los tubérculos, las inflamaciones, los dolores, las deformaciones articulares son sombras de un sueño que se hace despierto, sombrías imágenes del espíritu mortal que se disipan ante la luz de la verdad.

Y, a decir verdad, afirmaciones de esta clase, hechas ora por el enfermo, ora por el práctico cientifista, provocan incontables curaciones. Si nos fiamos del The Christian Science Journal, serían innumerables, y ningún sistema terapéutico habría producido todavía tan notables resultados. Todas las enfermedades serían susceptibles de ser curadas, desde la simple jaqueca hasta la tuberculosis y el cáncer, pasando por los resfriados, el eccema, las cataratas, la epilepsia, la locura El periódico cita incluso casos de cirugía mental, en que se ven piernas fracturadas resoldarse por sí mismas casi instantáneamente. Añadamos, en fin, que los vicios, las taras de carácter, los trastornos de la conducta moral, los pecados, son también tributarios de la medicación cientifista: El pecado, como la enfermedad se lee en Science and Health, no es mág que ilusión, y el despertar de este sueño mortal nos lleva a la salud, a la santidad y a la inmortalidad. La ciencia humana ha querido hacer a Dios semejante al hombre, la Christian Science hace el hombre semejante a Dios.

Era de prever que un movimiento místico de tal amplitud engendraría disidencias, tanto más cuanto que Mrs. Eddy era intransigente con los principios. Además de la New thought, el más importante de estos cismas fue el del obispo Olivier C. Sabin, de Washington, que fundó la Evangelical Christian Science o Christo logy. Como la Christian Science, la secta posee sus periódicos, sus revistas, sus libros, en los que se pueden leer las mismas narraciones de curas, los mismos relatos milagrosos.

Otro grupo importante, que intenta ser distinto de la Christian Science, pero que en realidad lo imita, es la Escuela Americana de Metafísica fundada por Mr. Leander Edmund Whipple. En sus enseñanzas, las más arriesgadas afirmaciones llueven apretadas como el granizo. Así se dice: Porque el hombre piensa en ello, hay microbios en la sangre del conejo Si se sugiriese a tiempo al conejillo de Indias que no pensara tanto en el bacilo de Koch, no sería tuberculoso. Igual que en lo que concierne a determinadas afirmaciones de la Christian Science, aquí nos encontramos, evidentemente, en plena incoherencia, en un mundo de pensamientos análogos al que puede elaborar el desequilibrio mental.

Llegados aquí, vale la pena preguntarse cuáles son, a pesar de estos infantilismos, sus exageraciones y, a veces, sus absurdidades, las razones principales del gran éxito, sobre todo en América, de la Christian Science, como, por otra parte, del éxito de las sectas que de ella derivan.

Precisa subrayar, de antemano, que el país y la época en que vio la luz y se ha desarrollado la Christian Science le eran particularmente favorables.

La Christian Science en America

El americano es, ante todo, práctico, activo, ambicioso, preocupado por el éxito material y, es preciso decirlo, bastante simplista en sus criterios. Le dicen que niegue el sufrimiento, la enfermedad, la debilidad, que son las trabas más seguras para el desarrollo material, y que crea en la salud y en la fuerza, que son prendas de éxito; he aquí algo que entra en su modo de pensar y le colma de contento. La doctrina es eficiente, y esto le basta, lo acepta de sopetón sin investigar si tiene algún fundamento. Además, y aunque esto pueda parecer a priori contradictorio, el carácter eminentemente místico de la Christian Science es, para él, igualmente, un atractivo. Encuentra ahí el alimento espiritual que satisface algunas de sus tendencias profundas y le suministra una especie de compensación, de derivativo, de evasión, cierto equilibrio en su vida cotidiana, en la que las preocupaciones materiales ocupan el primer lugar.

En segundo término, el movimiento filosófico de Mrs. Eddy apareció justo a la hora que mejor convenía. En efecto, el terreno estaba preparado cerca del público, por una parte, por los Sha kers y otras sectas cuyas concepciones filosoficorreligiosas son más o menos extravagantes; y, por otro lado, por la multitud de curanderos iluminados y a veces charlatanes: los John Alexandre Dov vie, el inventor del divine healing, los A. B. Simpson, los Schrader, los Bradley, etc., quienes recorrían el país en medio de una atmósfera de prodigios y de óptimo rendimiento económico, sembrando, tras de sí, los milagros a manos llenas.

En fin, el éxito de la Christian Science fue ciertamente debido, en gran parte, al talento, al carácter, a la voluntad y a la tenacidad de su fundadora. Donde no había más que tentativas aisladas, esporádicas, efímeras, Mrs. Eddy introdujo un sistema coherente, una Escuela con sus edificios propios y sus profesores particulares, una mística con sus templos muy reales. En una palabra, Mrs. Eddy hizo de la Christian Science una auténtica explotación industrial: para ser alumno era necesario pagar; para tratar a los enfermos, después de haber obtenido el título de curandero, era preciso abonar una renta trimestral; para ser cuidado, había que dar las arras; para entrar en los templos, era preciso ofrecer su óbolo. Todo eso le va muy bien al americano medio: toma y Hara, ahí está el negocio. Había nacido dice Mark Twain hablando de Mrs. Eddy con un ojo de hombre de negocios y un gran apetito de poder; si hubiese entrado como subjefe de cocina en un hotel, al cabo de dos años habría comprado todos los hoteles de la ciudad, y en veinte años, todos los de América. Éste es el verdadero origen de la fortuna de la Christian Science.

Añadamos que es preciso anotar en el activo de la Science chrétienne que organizaba obras de asistencia en caso de desastre o en período de guerra, y que estos servicios los extendía a todos sin distinción de credo religioso. El vasto trabajo de asistencia que realizó en el curso de la Segunda Guerra Mundial te valió innumerables elogios de particulares y la expresión oficial de la gratitud de gran número de autoridades locales y nacionales.

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