Constelaciones familiares para problemas de pareja

Todos los seres humanos anhelan en algún momento de su vida, tener una relación de pareja que les complete, les llene. Alguien con quien poder tener la experiencia del verdadero amor, ese ser maravilloso con el que poderse entregar en cuerpo y alma, para amar y ser amado.


Unos pocos tienen la suerte de hallarlo. Para la gran mayoría, el encuentro con ésta pareja ideal se prolonga toda la vida, volviéndose un auténtico calvario de frustraciones y desamor, al no encontrar a la persona soñada. Veremos como las constelaciones familiares pueden ayudar en esta situación.

Las constelaciones familiares pueden ayudar a la pareja

Muchos no tiran la toalla y continúan la búsqueda de su sueño: encontrar el gran amor. Y cuando aparece ese nuevo candidato para ocupar el lugar que se le quiere adjudicar, la persona se da cuenta de que está viviendo las mismas situaciones, repitiendo los mismos patrones que ya experimentó con anterioridad.

Lo que quería ser un sueño, se acaba convirtiendo en una pesadilla repetitiva. El trasfondo de la relación sigue siendo el mismo. Es como cambiar el marco para seguir contemplando el mismo cuadro.
Entonces entre todas esas personas, hay algunas que comienzan a hacerse preguntas: ¿El problema lo tengo yo? ¿Por qué siempre atraigo el mismo tipo de relación? ¿Qué estoy haciendo mal? Comienzan a investigar el porqué de su problemática, a tomar conciencia de cuál es la responsabilidad que tienen en su relaciones amorosas.

Deciden trabajarse interiormente para cambiar las cosas, y lo consiguen, atrayendo a su vida la relación de pareja ideal para ellas.

Las constelaciones familiares y la relación de papá y mamá.

Éste artículo está dirigido a todas aquellas personas que se encuentran en un momento de inflexión de sus vidas, que creen que se merecen ser felices, y están buscando respuestas a sus problemáticas de pareja.

El inconsciente abre las puertas de la sanación de muchas relaciones de pareja a través de las constelaciones familiares. Muchos pacientes otorgan a las relaciones de pareja la mayor prioridad, siendo uno de los temas más recurrentes a la hora de realizar un trabajo terapéutico en nuestros talleres.

Las constelaciones familiares es la terapia más efectiva para resolver este tipo de problemáticas, ya que trabajamos directamente con la causa que produce la atracción hacia el mismo tipo de relación constantemente. Al liberar la causa, cambia el efecto, y la persona comienza a ver cambios en las relaciones de pareja que atrae.
Los dichos populares muchas veces son la muestra más evidente de las experiencias grabadas y repetidas hasta la saciedad, por el inconsciente colectivo. El dicho popular: “En toda pareja hay uno que quiere, y otro que se deja querer”, indica que en toda relación es necesario que se establezcan los papeles incluso antes de salir a escena, para representar el drama de una relación de pareja basada en un vínculo negativo.

Esto no tiene que ser así, ya que lo adecuado en una relación de pareja enriquecedora es que exista un correcto equilibrio entre el dar y el recibir. En ésta premisa está basada cualquier relación sana, que los dos den y los dos reciban. En el momento en el que uno de los dos da amor y el otro no, se produce un desequilibrio que a la larga termina con el fin de la relación.

Pero generalmente, en cualquier relación amorosa, desde el comienzo del idilio, estos roles se cumplen a cabalidad. Por un lado nos encontramos a la víctima (el que quiere), y el perpetrador (el que se deja querer).

La víctima es la que siempre está a la disposición del otro sufriendo por amor. Tiene una actitud sumisa y complaciente. Si el inconsciente de la persona está muy cargado con identificaciones ancestrales, la víctima va a aguantar más humillaciones y desprecios.

No importa lo que el otro haga, siempre está ahí para perdonar cualquier ofensa, porque para ella la vida sin su amor no tiene sentido. Entiende el amor como sufrimiento.
El perpetrador es aquel que no es capaz de entregarse. Puede manifestar diferentes grados de dejadez y desprecio dentro de la relación. Es egoísta, y sus niveles de altivez varían, según sean los hechos inconscientes de su propio sistema familiar, con los que esté identificado: imposibilidad para comprometerse, malos tratos, infidelidades… etc.
Queremos resaltar que aunque la palabra víctima, sea de género femenino, no siempre es mujer. Hemos tratado en consulta a muchos hombres que tenían el patrón de víctima, y sufrían en grados muy altos por amor.

¿Cómo solucionar estos problemas de pareja?

Aprendemos del respeto, y la correcta relación entre el dar y el recibir, que se ha dado entre nuestros ancestros (padres, abuelos, bisabuelos…), y que es necesario para que exista afinidad, complicidad, amor.
El origen de las relaciones de pareja con vínculo negativo, se encuentra en el inconsciente, en lo que la persona ha aprendido inconscientemente en su casa. Incluso va inherente el tipo de educación que ha ido pasando de padres a hijos, generación tras generación.

Cuando en un sistema familiar se han dado multitud de desprecios entre lo masculino y lo femenino, pasa a los descendientes, siempre.

En los sistemas en que más faltas de respeto se han dado, en el que los hechos han sido más duros dentro de las relaciones amorosas, es donde los descendientes más acusan problemas en la pareja.

Repitiendo lo que ya se vivió en el inconsciente familiar, porque ha dejado una huella, que lleva a seguir los mismos pasos.

Estos hechos, que en muchos casos pueden llegar a ser violentos, deshumanizan al hombre y mujer, para acabar convirtiéndose en una víctima y un perpetrador para el inconsciente colectivo, siendo heredada ésta tendencia por los descendientes.
Sobre todo en la relación de pareja que tuvieron los padres, está la base de la relación de pareja que tendrá la persona. Porque es lo que se ha vivido desde la cuna, cuando se estaba completamente expuesto a la información que llegaba del inconsciente.

Los padres son el resultado de la herencia que han recibido de sus ancestros. Por eso es tan importante liberarse de las identificaciones que hicieron que dentro de su relación, uno de ellos tomara el papel de víctima y el otro de perpetrador. Cuanto más juzga el hijo la relación de sus padres, más tiende a repetir lo que está condenando.

Pongamos un ejemplo real de un paciente:

Cuando era pequeño vivió los malos tratos a los que fueron sometidos su madre y él, por su padre.

Él, creció despreciando profundamente a su padre, repitiéndose que el nunca sería capaz de tanta violencia. Era tanto el desprecio que sentía, que cuando llegó a una determinada época de su vida, en la que experimentó un mayor grado de exigencia y estrés, comenzó a maltratar a su mujer.

La valentía de reconocer lo que no había hecho, y el deseo de cambiar le facilitaron la posibilidad de que el cambio se obrara en su vida.

Cuando reconoció y aceptó lo que vivió en su infancia, y honró la relación de sus padres como el origen de su vida, entendiendo que él no era quién para llevar esa carga tan pesada, se liberó automáticamente sintiéndose válido para amar y ser amado.
Cuando una persona recupera su identidad, al liberarse de las identificaciones de las relaciones de pareja que vivieron sus ancestros, de todo el desprecio entre lo masculino y lo femenino, conecta con el merecimiento tan necesario para tener una pareja que realmente la ame.
Es el inconsciente la dirección que señala lo que hay que sanar. Es la llave maestra que abre la puerta del alma, a la dignidad, el respeto, y el correcto equilibrio para amar.

La persona que ha realizado este gran trabajo ve los efectos en su día a día, porque entiende que el amor empieza por uno mismo. El otro sólo es un espejo, en el que va a ver reflejado su capacidad para amarse. A veces acudir a las constelaciones familiares a tiempo puede reparar una problema antes de que se agrave.