Constelaciones familiares y la adicción a las drogas II

En el artículo anterior citamos algunas de las causas más comunes que predisponen el terreno caracterológico, para que una persona desarrolle adicciones a lo largo de su vida. Todas ellas forman parte del inconsciente colectivo-familiar del individuo. Evidentemente los ancestros y todo lo que han vivido, no son responsables de todos los males que la persona sufra a lo largo de la vida.

 

Cada ser humano tiene una responsabilidad sobre sus propios actos, y realiza una serie de elecciones que pueden condicionar su vida.
Por eso hoy nos vamos a centrar en el inconsciente personal del sujeto, y cómo se puede trabajar con constelaciones familiares para fortalecer determinados aspectos de su personalidad, que le permitan evitar las recaídas.

¿Qué debe hacer una persona con adicciones para salir de las drogas?

Uno de los aspectos más importantes para que la persona pueda rehabilitarse, es que tenga la intención de querer salir adelante. Nadie lo puede hacer por ella. Aunque tenga toda la ayuda de sus seres queridos, tiene que ser el individuo el que decida dar los pasos necesarios para su curación. Y para ello es necesario que se ponga en manos de profesionales que le puedan recomendar el tratamiento adecuado.

 

la dificultad de superar una adicción
Como ya dijimos en el artículo anterior, para nosotros el trabajo que realizan los expertos que se dedican diariamente a ayudar a personas que padecen adicciones, merecen todo nuestro respeto. Nosotros actuamos como un coadyuvante en el proceso de sanación, no pretendemos sustituir ningún tipo de tratamiento médico, ni interferir en la terapia convencional.
A veces el trabajo a nivel conductual no es suficiente, ya que la raíz del conflicto en cualquier problemática, procede de la parte más importante de la mente: el inconsciente. El inconsciente nutre y condiciona a la mente consciente y, por lo tanto es el hilo conductor de todo lo que acontece en la vida de cada individuo.

El niño interior y las adicciones.

En todos los casos que hemos tratado de adicciones, nos hemos encontrado que el niño interior de la persona que es adicto a alguna sustancia, se encuentra completamente abatido. El inconsciente muestra que no sólo lleva la carga de todos los hechos violentos que ocurrieron a nivel ancestral (abuelos, bisabuelos, tatarabuelos…), que pertenecerían al inconsciente colectivo.

Estos actos tienen una relación directa con situaciones de un profundo desprecio entre lo masculino y lo femenino, que se vienen repitiendo generación tras generación. Además, suelen proceder directamente de la relación que mantuvieron sus padres durante la infancia de la persona. El niño crece envuelto en una serie de dinámicas de violencia.

Pueden ir desde una violencia más sutil: malos tratos psíquicos; o una agresividad completamente manifiesta: malos tratos físicos. Cada vez que existen malos tratos (sea cual sea su naturaleza), los implicados desprecian por igual.

Obviamente, el que comete los malos tratos menosprecia a la persona maltratada. La persona vejada también desprecia, rechaza, pero muchas veces no lo expresa por miedo a las represalias. Entonces ese odio permanece latente en el inconsciente familiar.

El niño es el receptor de toda ésta carga de aversión, y se va a convertir en un bloqueo que va a expresarse a través de unos síntomas. La importancia de las experiencias en torno a las agresiones que experimente el niño, van a condicionar el grado de autodestrucción que se produzca a sí mismo a través de las adicciones. El niño no percibe entre sus padres el respeto necesario, que le lleve a honrar inconscientemente el origen de su vida.
Si a esta situación se le añade el agravante (que por desgracia, suele ser muy común), de que uno de sus progenitores sea adicto a algún tipo de sustancia, el infante crecerá aborreciendo al causante de la violencia en el seno de la familia: siendo en muchas ocasiones el objetivo de ese odio la sustancia a la que sea adicto el progenitor.
Tratará por todos los medios, de proteger y salvar al predecesor que considera más débil, al creer que no está capacitado para solucionar la situación, quitándole dignidad al considerar si quiera, que puede salvarle. En cualquier caso, este desprecio ante el origen de su vida, puede desencadenar esta tendencia a las adicciones y a la autodestrucción, al tratar de aniquilar inconscientemente la parte del padre que está en él, y que tanto dolor le ha producido.

Y es precisamente ese desprecio hacia la conducta de sus progenitores lo que le conduce a revivir en sí mismo, las mismas pautas conductuales, por no considerarse merecedor de un destino mejor que el que tuvo el origen de su vida.

En constelaciones familiares, a ésta dinámica se la denomina lealtad al sistema. Es común encontrarnos con casos en los que la persona que ha vivido la adicción de uno de sus padres, acabe teniendo problemas de adicciones con el mismo tipo de sustancia a la que era adicto el progenitor, complicándose en ocasiones, con el consumo de algún estupefaciente más.
Los malos tratos están presentes en la infancia del adicto, muy a menudo. La sensación de víctima conduce al niño a la repetición del patrón, viviendo circunstancias en las que se siente atacado por del medio que le rodea, generando en él una ira interna importante, y un gran sentimiento de culpa, al creer inconscientemente que si le sucede todo esto, en cierta manera se lo debe merecer.
Por ello, es muy importante el trabajo en constelaciones familiares con el niño interior de la persona que padece adicciones, ya que en él residen las causas primordiales, todos los factores inconscientes, que han llevado al individuo a desarrollar ésta enfermedad.

-Influencias negativas en la adolescencia

Ya hemos visto el núcleo familiar del que suelen provenir los individuos propensos a desarrollar adicciones en la vida adulta. Casi todos los casos de problemas de adicciones comienzan en la adolescencia.

Cuando el niño crece, se convierte en un adolescente lleno de ira, de inseguridad, de sentimientos de culpabilidad, que le llevan a relacionarse con personas y eventos, que se encuentran en la misma situación que él, siendo un blanco fácil para entrar de lleno en el mundo de las drogas.
El miedo, la rabia interna, y sobre todo la culpabilidad, son emociones perfectas para que el adolescente atraiga a su vida influencias negativas, que le produzcan una artificial vía de escape ante tanto dolor, convirtiéndose en un círculo vicioso de falta de amor hacia sí mismo, llevada hasta sus últimas consecuencias.
En realidad no hay influencias negativas sino límites mal equilibrados, que miden la capacidad del niño para amarse a sí mismo, y saber decir que no. Esto sólo se puede recibir en casa, en el hogar, siendo el padre el que otorga la responsabilidad sobre la propia vida.

El padre como puente de recuperación de la voluntad.

En el trabajo con personas que están pasando por el infierno de las adicciones aparte de todos los problemas conductuales, de relación con el entorno, es muy importante el trabajo con la voluntad.
James Tyler Kent, uno de los mejores homeópatas que ha dado la historia, hacía referencia que lo primero que se ve menoscabado antes incluso de que aparezca la enfermedad per se, es la voluntad.
¿A qué tipo de voluntad nos estamos refiriendo? A la voluntad más primordial en toda existencia, la voluntad de vivir. Las personas con adicciones llevan cargas tan pesadas inconscientemente, que tienen anulada la voluntad de vivir, y se entregan a la autodestrucción.
Arquetípicamente la voluntad se recibe de la figura paterna, ya que es el esperma del padre, a través del impulso, de la voluntad de llegar al óvulo, por lo que éste es fecundado. El padre es el que otorga la dirección, la protección, la responsabilidad sobre los actos y la propia vida. La capacidad de decir que sí, cuando la persona lo siente, y que no, cuando se ve en una situación que es perjudicial para ella. Como hemos dicho anteriormente, es el padre el que tiene que dar al hijo consciente e inconscientemente los límites y la responsabilidad sobre su vida.
La entrega de los límites por parte del padre, no es tan fácil de realizar, ya que para poder dar algo hay que tenerlo, si el padre no lo ha recibido no se lo puede aportar a los hijos. Si un padre no ha recibido correctamente de su padre, el abuelo, es completamente imposible que se lo pueda dar al hijo, ya que la base de ésa inteligencia emocional no la va a tener. Por ello es importante que el propio padre conozca cuál es su lugar en el mundo, y tenga la autoridad equilibrada, sana.
Muchas veces los padres piensan que una autoridad rígida y dictatorial, asegura la sensación de seguridad y responsabilidad del hijo. Nada más lejos de la realidad, ya que el miedo nunca va a aportar ningún tipo de felicidad. El miedo es sinónimo de inseguridad, de desconfianza. Conlleva la pérdida de la espontaneidad y por lo tanto de la libertad.
También nos encontramos con padres que creen que consintiéndolo todo puedan aportar a sus hijos la confianza en la vida. Lo que se genera con ello es la potencialidad de un adulto frustrado, que nunca tiene suficiente con nada de lo que recibe. Normalmente los adictos proceden de núcleos familiares desestructurados, pero a veces, en muy pocos casos no suele ser así. Entonces nos encontramos con niños malcriados que han tenido todo lo que han querido siempre, y no encuentran nada que les sacie, como si tuvieran un estado de ansia permanente. También son propensos a las adicciones, que es la manifestación de éste síntoma mental.
Por eso, es tan importante entregar los límites a los hijos desde el equilibrio, con firmeza y amor. Para que puedan entender el verdadero lugar que ocupan en el mundo, porque no hay mayor regalo para un hijo que poder recibir unos límites sanos.
En las adicciones es importante reequilibrar, reconciliar la relación del paciente con su padre, con la autoridad, para poder recibir los límites desde la confianza. Esto va a potenciar la responsabilidad del individuo, la inteligencia emocional para aceptar las frustraciones, la capacidad de tomar una dirección positiva, la fuerza para encaminarse a un destino bonito, y la voluntad para llevar a cabo en su vida todo lo necesario para poder realizarse como persona.
Reconciliarse con la figura paterna, significa el entendimiento y la aceptación con la parte masculina que hay en el interior de la persona.

Por lo tanto, no sólo está aceptando a su progenitor, con todo lo bueno y con lo que no es tan bueno. Se está reconciliando consigo mismo, desprendiéndose de las conductas autodestructivas, impulsado por la fuerza y voluntad de vivir tan necesaria, para que la vida se convierta en una experiencia de entrega y corazón, hacia lo mejor de sí mismo.

Conclusión

Las constelaciones familiares permiten a la persona reconciliar y sanar aspectos tan importantes de su vida, como son las conductas. Es muy difícil tratar de resolver una conducta negativa, desde el mismo plano en el que ésta se realiza, es decir: desde el consciente. Hasta los propios científicos aseguran que “para resolver un problemas hay que situarse en otro nivel de pensamiento”.

Éste nivel de pensamiento, en el caso de las conductas autodestructivas que se manifiestan en las adicciones es siempre el inconsciente.
Aunque pueda parecer que las influencias del entorno, su padre, incluso el niño interior, son elementos distantes, ajenos a su propio ser, no es así.

Todo lo que constituye la vida de una persona, los otros individuos con los que se relaciona y cómo lo hace, está indicando la manera en la que se relaciona consigo mismo. Y éste proceder está totalmente condicionado por el inconsciente, por los patrones que residen en él.

Las constelaciones familiares otorgan la sanación de las relaciones que se vivieron, a través del inconsciente. Se produce un cambio total en la percepción de lo que se experimentó. La persona no sólo está curando su pasado, también su presente y futuro.

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