Entendiendo el Ahora desde las constelaciones familiares

Entre los muchos conceptos que se manejan en las constelaciones familiares uno de los más importantes en lo referido al tiempo a nivel de inconsciente, así pues para entender mejor cual es la dinámica de trabajo de las constelaciones familiares el importante tener una visión cosmológica del tiempo espacio que nos rodea.

La ruptura temporal de las constelaciones familiaresEl Tiempo nos gobierna constantemente. La realidad dramática de un filme no se plantea nunca en el curso de su representación. Un documental del desfile nazi en el Berlín de 1938 es un eco del pasado.

La voz de los cantantes desaparecidos desde hace tiempo, como Caruso o Shaliapin, puede todavía ser escuchada en discos.

Las divisiones cualitativas del Tiempo —pasado, presente y futuro— se remplazan continuamente unas a otras. Lo que es «ahora» en el instante presente, será pasado inmediatamente, y lo que es futuro en este instante se convertirá, en un momento dado, en el presente. El Tiempo es un número infinito de “ahoras” soldadas en la curva temporal.

Para comprender el Tiempo, debemos tener una apreciación correcta de la relación existente entre el pasado, el presente y el futuro.

Henri Bergson definía la duración como un progreso continuo del pasado arañando el futuro. El filósofo americano Will Durant escribía que nuestro intelecto posee series de estados comparables a los clichés estáticos que puede tomar una cámara. Esos estados, si no existiera entre ellos ninguna continuidad, tendrían tan poca significación como la secuencia de un largo filme.

La Sabiduría hindú ha llegado a conclusiones profundas sobre el Tiempo: «El presente es el hijo del pasado; el futuro está engendrado por el presente y, sin embargo, ¡oh momento presente!, ¿no sabes que no tienes padres, del mismo modo que no puedes tener hijos; que siempre te engendras a ti mismo? Incluso antes de que hayas empezado a decir: “Soy la progenitura del instante que ha pasado, el hijo del pasado”, te has convertido en este mismo pasado; antes de haber pronunciado la última sílaba, ¡date cuenta!, no eres ya el presente, sino verdaderamente este futuro. Así, el pasado, el presente y el futuro son la Trinidad siempre viva en uno solo: el Mahamaya (la gran ilusión) del Absoluto que es.» (1)

Que el Tiempo sea o no una ilusión, el problema da vueltas alrededor de la realidad concreta del presente. Si «ahora» es real, entonces ayer y mañana viven hoy, «Ahora» es un hogar a través del cual las energías reprimidas del pasado son proyectadas en acciones probables en el futuro.

El Tiempo es una cadena sin fin de acontecimientos en los cuales cada eslabón es una realidad tangible. Los eslabones pasados son tan reales como los que vienen.

El pasado es una realidad. La tumba de un faraón puede proporcionarnos la historia entera de su vida y de su época. El futuro no es un abismo de lo desconocido. La evolución progresiva de la Humanidad está ligada a las leyes sociales y económicas que rigen el desarrollo de la sociedad. Esto puede ser valorado en función de un elemento incambiable: el pasado. Los actos pasados producirán los resultados futuros. En el campo de la economía, de la política y del pensamiento, han nacido ciertos remolinos. Si hoy no quedan neu-tralizados, estos remolinos gobernarán los negocios de mañana.

«Ahora» es un lazo de unión entre dos largas e inconmensurables extensiones: el pasado y el futuro. Como escribió John Quincy Adams en su libro El reloj de arena:

El Tiempo fue — El Tiempo será — vaciando el reloj de arena ¿Pero dónde, en él Tiempo, está «ahora»?

El pasado y el futuro se extienden de atrás hacia delante más allá de los horizontes del cosmos.

¿Cuál es ese instante fugitivo llamado «ahora»? ¿Será un segundo? Pero un segundo está definido por la Ciencia como el lapso de tiempo durante el cual el átomo de cesio realiza 9 192 631 770 oscilaciones. Una sola oscilación parece corresponder a una duración de tiempo tan imperceptible que es apenas imaginable en nuestro macro mundo.

Los relojes atómicos miden el Tiempo con una diferencia de un segundo sobre tres millones de años. ¿Esta porción infinitesimal de segundo, o la décima potencia menos catorce, sería el «ahora» final? Teóricamente, es posible una subdivisión suplementaria.

En su encuentro con el futuro, el presente está dotado de un extraordinario realismo. Pero la naturaleza del presente no es más real que el carácter del futuro. Cada mañana se convertirá en hoy. Cada hoy se transformará en ayer. El presente es como la antorcha del corredor de Maratón, que se transmite de un hombre a otro.

Mañana y mañana y mañana

Se deslizan de día en día en débil marcha

Hacia la última sílaba del tiempo inscrito;

Todos nuestros ayeres han iluminado a locos

En el polvoriento camino de la muerte. Huid, huid, breves

Resplandores

La vida no es más que una sombra que anda… (1)

¿Debemos decir, con Shakespeare, que la vida no es más que mía sombra que anda? Si ayer y mañana no tienen realidad alguna, él tiene razón. Pero la Paleontología vuelve a llevar al hombre hasta su infancia, aparentemente simiesca. La Arqueología está descubriendo la forma de vida en el Egipto antiguo.

Si pues podemos ver como toda la sabiduría huma se va concentrando y acumulando atemporalmente en el inconsciente grupal. De esta manera las constelaciones familiares pueden tener acceso a este apartado de información resguardado en la memoria celular del inconsciente colectivo

Es cierto que por la mutación el hombre llegará, en su evolución, a un estadio superior. La historia pasada y futura de la Humanidad existe a partir de ahora.

Si la realidad del momento presente pierde intensidad, el alcance de nuestro Tiempo se ensanchará. Es exactamente lo que se produce en los sueños cuando alguien ve episodios del pasado o incidentes de ton posible futuro.

El doctor Alexis Carrel escribe en La incógnita del hombre que los clarividentes «perciben tan bien los acontecimientos que ya han ocurrido como los que sucederán en el futuro». Añade que, a veces, son incapaces de distinguir el pasado del futuro.

Según el doctor J. B. Rhine, la percepción extrasensorial es una facultad que libera de los límites del Tiempo.

Rudyard Kipling tuvo un sueño premonitorio de una ceremonia en la abadía de Westminster, a la que no tenía pensado participar. Seis semanas más tarde, la ceremonia se desarrolló igual como la había soñado hasta en sus más mínimos detalles. El fenómeno no dejó de intrigarlo y, en su narración titulada Something of Myself (Algo sobre mí mismo), se preguntó: «¿Cómo y por qué me ha sido revelada una parte inédita de la película de mi vida?»

Sólo cuando estamos despiertos y tenemos consciencia del mundo objetivo, se manifiesta con tanta fuerza el muro del Tiempo. Sin esta limitación, que se impone por sí misma, el enfoque del Tiempo no quedaría exclusivamente centrado ya escrito en el Libro del Tiempo.

Un calendario impreso contiene 365 días, y uno solo de ellos es «hoy». Un número de días y de meses pertenece al pasado, otro al futuro. Sin embargo, los días vividos y los que todavía no lo son, están en el calendario.

El presente es real sólo si lo consideramos como una porción del eje del Tiempo que contiene pasado, presente y futuro.

La vida es una oleada constante de lo que es hacia lo que no es. Lo que hoy es sólido y tangible, mañana volverá a ser polvo. Pero, por otra parte, lo que todavía no existe aunque sea eventualmente nacerá. Como dice el Bhagavát-Gíta «bueno es el juicio de aquel que entiende el ir y el volver de la vida. Como ya hemos leído hasta el momento vemos que el tiempo es un material que pertenece a la conciencia, la cual está condenada irremediablemente a una experiencia de continuidad, así mismo el inconsciente logra traspasar todo tipo de materialidad incluido la sensación de tiempo, mediante el trabajo con constelaciones familiares esta barrera imposible de sortear por la mente es fácilmente desactivada.

Heráclito, el sabio griego de la Antigüedad, decía: «Una sola y misma criatura está a la vez viva y muerta, despierta y dormida, joven y vieja.» Todo lo que es y todo lo que no es, el ser y el no ser, están unidos en sus interrelaciones recíprocas, o el llegar a ser. Cada cosa en el Universo es cambiante y transitoria, menos la ley del cambio.

Apolonio de Tiana expuso brillantemente esta ley cósmica en una carta al cónsul Valerio.

No hay muerte para quienquiera que sea, sino tan sólo una apariencia, igualmente no hay punto de nacimiento sino nada más que una apariencia. El cambio entre el ser y el llegar a ser parece un nacimiento y el paso del llegar a ser hacia el ser parece una muerte, pero, en realidad, nadie ha nacido nunca y nadie muere. Se trata, simplemente, de un ser visible que se convierte en invisible: el primero por la densidad de la materia, el segundo a causa de la sutilidad del ser: ser que es siempre idéntico y cuyo único cambio es movimiento y reposo.

«Ahora» parece ser el único punto real en la dimensión temporal. Todavía es posible escapar a su poderío, asistiendo, por ejemplo, a la representación de un filme histórico sobre la vida en el antiguo Egipto.

Una película de ciencia-ficción sobre la existencia tal como podría ser en el siglo xxi puede, igualmente, hacer olvidar el presente. Éstos son viajes en el Tiempo creados artificialmente.

Al contrario de la ciencia ficción del séptimo arte, las constelaciones familiares permiten a la persona experimentar cualquier instante del tiempo sea pasado presente o futuro.

Bajo la influencia de narcóticos, hay quien puede perder toda noción del Tiempo. Alguna vez, los acontecimientos se aceleran sin que el drogado tenga conciencia de ello; o al revés, van más despacio, y dan la sensación de estar en un «mundo inmovilizado».

Ocasionalmente, el alienado experimenta una estimación tan errónea del Tiempo.

Una mujer rusa, mentalmente perturbada, contó así su experiencia sobre la contracción del Tiempo «Todo parecía muerto. El mundo entero estaba inmóvil. Las personas se movían con demasiada lentitud. El Tiempo se había detenido. Sé que las agujas de los relojes se desplazaban en vuestros cuadrantes, pero es sólo la apariencia de un movimiento. Venís a verme desde otro Tiempo.»

Esas pocas líneas tienen más parecido con el fragmento de alguna novela de ciencia-ficción que con el extracto de un informe médico.

En otro caso, un enfermo mental sufrió una experiencia diametralmente opuesta en su estimación del Tiempo: la aceleración era diez veces superior al lapso de tiempo real y seis segundos eran tomados como sesenta por el psicópata.

No es necesario emplear drogas, o enloquecer, para evadirse del presente. ¿Acaso los místicos, en su sublimación espiritual y su ascensión sobre un plano donde ya no existe el muro del Tiempo, han encontrado un medio más natural, aunque sea misterioso?

En este sentido las constelaciones familiares aportan mediante un técnica sencilla, laica y occidental, poder conectar con estados de la conciencia expandidos, retirando todo el ritualismo folclórico de culturas que han utilizado herramientas primitivas para conextar con el inconsciente colectivo.

Este muro del Tiempo es el límite que separa el presente del pasado y del futuro. Pero el presente tiene sus raíces en el pasado y trae en sí las simientes del futuro. El Tiempo no tiene significado más que si se le toma en su totalidad.

El Espacio tiene tres coordenadas —amplitud, profundidad, altura—; si una de ellas es destruida, nos encontramos en la «Planiesfera». Quitemos otra dimensión y nos encontramos en un mundo «unidimensional»: la línea. Hemos reducido el Tiempo al tercio de su pleno significado, a expensas del pasado y del futuro. El hombre ha fijado su atención en el momento presente y ha perdido el sentido del Tiempo, considerado como un todo.

Gautama, el Buda, definía así el presente: «Igual que la rueda de una carreta deslizándose sólo sobre un punto y, deteniéndose, descansa sólo sobre un punto, así también la vida de un ser no dura más que el espacio de un pensamiento.» Pero el Tiempo, como un todo, es una rueda.

Al margen de esta elucubración poco alentadora pero realista, uno de los principio para poder escapar de este laberinto circular, es traer a la conciencia de las persona cuáles son sus circunferencias repetitiva o patrones, esto es el objetivo fundamental en las constelaciones familiares como punto de partida en el proceso de sanación terapéutica.

Con el conocimiento de la significación del Tiempo identificado con la Eternidad, el hombre marcharía aprisa hacia su objetivo: la consciencia cósmica, que elevaría su entendimiento a un nivel correspondiente, en fin, a la Edad del Espacio. Acaso entonces percibiría el muro del Tiempo, como William Blake, quien escribía: «Veo el pasado, el presente y el futuro existiendo todos a la vez ante mí.»

Hoy no somos lo que fuimos ayer. Hemos tenido numerosos «yo». Si el «yo» llenara tan sólo el instante presente, no sería capaz de mirar ante él ni detrás suyo. Un «yo» limitado por el presente no podría ni acumular las experiencias ni aumentar su saber. Un «yo» que no aspira al futuro conduciría a una vida sin objetivo. El «yo» presente es sólo una parte del más grande «yo» que está más allá del Tiempo.

Zoroastro decía que el sabio se acuerda del pasado y comprende el futuro, pero que el ignorante vive tan sólo para los efímeros placeres del presente. Olvidar el pasado, no cuidarse del futuro, engendra una actitud de irresponsabilidad hacia la posteridad.

El aborigen de Australia es, sin duda, el único habitante de la Tierra que haya resuelto el problema del Tiempo. Que su solución sea justa o falsa es otra cosa. Para él, los acontecimientos no existen ni «antes» ni «después»: todos se mueven «en el instante». En su «sueño temporal», pasado, presente y futuro coexisten. Para las iniciaciones tribales, el australiano tiene una idea de este eterno «Aquí-Ahora». El tótem de la serpiente arco iris es, acaso, la evolución de la curvatura del Tiempo.

En resumen lejos de ser ciencia ficción o esotérica, las constelaciones familiares trabajan con bases científicas reales, adquirida de los conocimientos y dilucidaciones de grandes pensadores de la historia de la humanidad y su evolución. A través de las constelaciones familiares se puede llegar a experimentar una situación irresoluta desde varios ángulos en un mismo instante.