Estigmas metapsiquicos

Madame Kahl de nacionalidad rusa, pero residente en París, presentó, ya desde su infancia, facultades supranormales. A los siete años se ofrecía, como movida por un instinto, para predecir su futuro a las personas que la rodeaban. Y a menudo escribe el doctor Osty acertaba. A los quince años indicó sobre un mapa la posición de uno de los más ricos filones de una mina de oro. Las indicaciones proporcionadas resultaron ser exactas.

A los diecinueve años perdió un collar de perlas, lo que la apenó mucho. Algo ocurrió entonces, que no fue comprendido hasta más tarde: sobre su piel aparecieron varias manchas, redondas y rojas, y se creyó en una erupción, pero luego se dieron cuenta de que se trataba de estigmas que recordaban muy exactamente la forma y el grosor de las perlas.

Otras formaciones estigmáticas tuvieron efecto bajo nuevas circunstancias, y ello dio la idea de provocar su aparición. Una amiga contó a Madame Kahl que los faquires, en la India, hacían aparecer sobre su piel imágenes en las que pensaban, y le rogó intentara hacer lo mismo. Madame Kahl pensó en un ramo: en pocos segundos se dibujaron, en rojo, unas hojas sobre su piel.

Un día que asistió en Constantinopla relata el doctor Osty a una sesión en la que irnos vociferadores derviches se perforaban las mejillas, salió de allí muy emocionada. En seguida se quejó de dolores en una mejilla. Se formó un absceso en el interior y se abrió.

En París indica igualmente el doctor Osty se tragó, durante una comida, una espina de pescado, y creyó sentirla enganchada a su garganta. Viva emoción. En seguida apareció sobre su cuello, en rojo, la forma de una espina. Un médico aseguró que la espina había descendido al estómago. El estigma no desapareció hasta veinticuatro horas después.

Algunos años después de este incidente, Madame Kahl fue estudiada en el Instituto Metapsíquico Internacional por el doctor Osty, asistido por miembros del Comité, y por un areópago de personalidades médicas.

De las numerosas sesiones efectuadas con esta mujer, escogeremos algunos informes particularmente significativos.

Sesión del 29 de octubre de 1927. El 29 de octubre de 1927, al término de una sesión en que por primera vez, se había puesto a prueba la facultad de conocimiento paranormal de Madame Kahl escribe el doctor Osty, le pedí que me demostrara su poder de inscribir sobre su piel lo que yo pensaba. Aceptó, aunque estaba muy cansada por la sesión que acababa de celebrarse.

Me representé mentalmente una palabra, prestando a ello enérgica atención. Madame Kahl me rogó que le apretara la muñeca izquierda, mientras ella se esforzaba en hacer aparecer sobre la cara anterior del mismo antebrazo aquello en que yo estaba pensando. Como después de una espera de aproximadamente quince segundos, el fenómeno tardaba en producirse, Madame Kahl se hizo tres o cuatro fricciones rápidas sobre la piel. Pronto aparecieron ante mis ojos unas líneas rojas sobre el fondo uniforme de la piel. Al cabo de algunos segundos, dibujaron una gran R, que ocupaba aproximadamente los dos tercios de lo ancho del antebrazo, no lejos de la articulación del codo. Algunos segundos después, la letra o, en minúscula, aparecía del mismo modo, sin que Madame Kahl tuviera que recurrir a una nueva fricción de la piel.

Después de aproximadamente medio minuto de espera y de esfuerzo, no apareciendo nada más, Madame Kahl dijo: Estoy demasiado fatigada; no aparecerá nada más. Ha tenido usted que pensar: Rosa,

Yo había pensado Rosa.

Ro quedó netamente visible durante un minuto más o menos, luego desapareció en una rojez difundida en una larga zona de la piel.

Sesión del 5 de enero de 1928. Entre una veintena de trozos de papel que llevaban igual número de dibujos preparados de antemano escribe el doctor Osty, escogí uno, al azar, tomando toda clase de precauciones para que Madame Kahl no pudiera ver absolutamente nada. Estuve mirando con atención aquel dibujo durante dos segundos aproximadamente. Luego lo mezclé con los demás dibujos y apoyé el conjunto sobre la frente de Madame Kahl, conforme ella antes me había pedido. Después de un minuto aproximado de espera, vi formarse sobre la piel del antebrazo, tenso ante mis ojos, dos líneas formando un ángulo. Diseñé el croquis. Después de irnos quince segundos, las líneas del brazo se fundieron en una rojez difusa. Madame Kahl tomó entonces un lápiz y trazó el dibujo de un triángulo incompleto, diciendo: Usted ha pensado en esto.

El dibujo que yo había escogido y mirado era idéntico.

Sesión del 22 de enero de 1928. Madame Kahl aceptó que presenciaran tales fenómenos algunas personas, y a la sesión asistió el doctor D’Espiney, de Lyon, y tres personas que había llevado consigo.

Se rogó al doctor D’Espiney pensara en algo. Pronto, sobre el antebrazo tenso de Madame Kahl, a plena luz del día, nuestras atentas miradas subraya el doctor Osty vieron formarse unas líneas de las que hice el croquis. Se podían reconocer las letras F R A N.

En primer lugar, el trazado fue de un rojo débil. Madame Kahl rogó a una de las personas de la asistencia hiciera una breve fricción sobre su piel para ayudar a la aparición del fenómeno. Resultó un aumento de la rojez de las lineas, pero ninguna nueva letra.

El doctor D’Espiney dio a conocer entonces que había pensado en François.

Después de algunos minutos de descanso, Madame Kahl propuso a Madame S., una de las personas que acompañaban al doctor D’Espiney, hacer una prueba. Le pidió que se colocara ante ella, le cogiera una mano y pensara en una palabra.

Al cabo de quince segundos aproximadamente, como de ordinario, apareció la letra Y, ocupando, cerca de la articulación del codo, toda la amplitud del antebrazo. Mirando, igual que la asistencia, lo que iba a aparecer, Madame Kahl, sin duda sugestionada por esta letra, dijo: ¿Es Yvonne lo que usted ha pensado? Madame S. no respondió. Pronto, sobre casi todo lo ancho del antebrazo, apareció trazado en rojo, perfectamente visible para todos: Y land Madame S. dijo entonces que había pensado Yolande.

Faltaba la segunda letra de la palabra en la inscripción der mográfica, pero ahí tenía su lugar.

Este notable éxito con Madame S. escribe el doctor Osty nos impulsó, diez minutos después, a hacerle efectuar un nuevo ensayo. Madame S. pensó algo, y vimos formarse, sobre el antebrazo que Madame Kahl tendía ante nuestros ojos, una especie de “x” inclinada.

Cuando pareció evidente que la inscripción había llegado a su máximo, preguntamos a Madame S. lo que había pensado: “He pensado en la cifra 8”, respondió.

Miramos de nuevo la dermografía, y, ante nuestros ojos, vimos trazarse una línea que reunía las extremidades inferiores de la primera figura. A pesar de sus esfuerzos, Madame Kahl no consiguió el mismo resultado para las extremidades superiores, de modo que la parte superior del 8 no quedó cerrada, pero Madame Kahl estaba muy fatigada.

Casi en seguida, después de este ensayo, Madame Kahl, dirigiéndose al doctor Osty, le dijo: Quiero hacer un experimento para usted. El doctor Osty se representó entonces mentalmente, sin decir palabra, una línea horizontal cortada por dos líneas oblicuas paralelas. Inmediatamente, una raya horizontal muy marcada cruzó el pecho de Madame Kahl, con una longitud de unos diez centímetros. Muy pronto fue cortada por dos líneas.

Esta dermografía quedó visible al menos durante un minuto; luego una rojez difusa invadió la región.

Sesión dél 29 de enero de 1928. Asistentes: profesor Charles

Richet, profesor Santoliquido, profesor y señora Cunéo, doctor JeanCharles Roux, doctor Osty, señor Toukholka.

El doctor JeanCharles Roux tomó un paquete de cartas, sobre cada una de las cuales había una letra del alfabeto. Madame Kahl le había pedido que pensara un nombre mirando la letra inicial, porque ella pretendía que la concentración del pensamiento del experimentador sobre esta especie de pantalla que es una carta, le hace más accesible al pensamiento. En estas condiciones, habiendo pensado en lo que quiso, el doctor JeanCharles Roux colocó todo el juego de cartas sobre la frente de Madame Kahl, conforme ella le había pedido.

Ha pensado usted dice dos nombres mezclados en uno solo. Luego, tendió uno de los antebrazos y, muy pronto, aparecieron unas líneas rojas, sin significación desde el lado de donde se las mira, pero que, observadas desde el lado opuesto, formaban REH. Y el sujeto pronunció René.

El doctor JeanCharles Roux dijo entonces que había pensado: René.

Debe subrayarse que Madame Kahl era rusa, que hablaba poco el francés y que, en ruso, la N se escribe H. No faltaba a la inscripción cutánea, pues, más que la última letra.

El profesor Richet y el doctor JeanCharles Roux se retiran a una sala vecina. El profesor Richet trazó un dibujo sobre un trozo de papel.

Los dos volvieron a la sala donde estaba Madame Kahl con los demás asistentes.

En el antebrazo de Madame Kahl aparecieron dos líneas rojas, derechas, reunidas por uno de sus extremos y formando ángulo.

No desarrollándose ya más el fenómeno, el profesor Richet enseñó el dibujo que había hecho: un triángulo que encerraba otro más pequeño. En cuanto lo vio Madame Kahl, se formó una nueva línea que reunió las dos restantes en sus extremidades divergentes, delimitando así un triángulo. En seguida se esforzzó en hacer aparecer el pequeño triángulo dentro del grande, pero no apareció muy definido.

Madame Kahl rogó a Madame Cunéo que hiciera un experimento, pues la primera tenía la impresión de que con ella se obtendría un buen éxito.

Madame Cunéo pasó a una habitación contigua. Volvió con un papel doblado y lo entregó al profesor Cunéo, quien se lo puso en el bolsillo.

Madame Kahl pidió a Madame Cunéo que pusiera por un instante su mano sobre el antebrazo, que ella le alargó. Apenas Madame Cunéo hubo retirado su mano, se dibujaba ya, como siempre, en rojo, las letras, dispuestas como sigue: SAB NI.

Sobre el papel, que el profesor Cunéo desplegó en seguida, Madame Cunéo había escrito: Sabine.

La S mayúscula había sido reproducida en su forma muy especial. Faltaban dos letras a la palabra, pero estaba preparado el lugar para la i y estaba un tanto esbozada de la e final.

Hay que hacer observar que cuando faltan letras en las palabras inscritas en dermografía, su lugar queda reservado, como si sólo se hubiesen olvidado de trazarlas.

Sesión del 8 de marzo de 1928.  Aquel día Madame Kahl estaba muy fatigada, y dijo: Hoy no me encuentro en disposición de hacer nada bueno. Me sería más fácil hacer aparecer sobre mi piel un objeto que ustedes me enseñen. Esto, en efecto, suprimía la fase de detección de pensamiento.

En seguida presentó alguien un gran vaso con soporte, de tipo balón. Póngalo dice Madame Kahl debajo de mi brazo. Lo hicieron. Muy aprisa escribe el doctor Osty aparecen unas líneas rojas. Y, al cabo de algunos segundos, vemos inscribirse, sobre ocho o diez centímetros de longitud, en el eje del antebrazo, como inclinada sobre la piel, la silueta fragmentaria, pero muy precisa, del objeto.

Estos extraordinarios experimentos que ningún ilusionista sería capaz de reproducir en las mismas condiciones y que, sin embargo, han sido realizados en el Insituto Metapsíquico Internacional gran número de veces, casi a voluntad y al modo de experimentos cotidianos de fisiología normal, demuestran, de modo indudable, el asombroso poder del espíritu sobre el organismo, así como la existencia de esos poderes paranormales.

En efecto, ¿qué pasa con Madame Kahl desde el punto de vista estrictamente fisiológico? Se produce esto de prodigioso escribe en sustancia el doctor Osty: que Madame Kahl, para realizar el dermografismo de su pensamiento, consciente o subconsciente, por una acción finamente selectiva de las células piramidales de su cerebro, tiene que actuar con tal precisión sobre la jerarquía de los centros celulares del sistema neurovegetativo centros escalonados en los núcleos grises subcorticales, protuberancia, bulbo raquídeo y la médula espinal, ganglios de la columna vertebral, etcétera que, finalmente, resulta una turgencia de los únicos vasos capilares que han de servir para el trazado de lo que debe ser escrito, sin perjuicio de que prosiga normalmente la circulación en la vecindad y sin modificación del tono. Ahora bien, la precisión alcanzada parece extraordinaria cuando se sabe qué la red microscópica, extremadamente tupida, que expande la sustancia de la sangre por la intimidad de los tejidos, cubriría, si se la desplegara en superficie, aproximadamente siete mil trescientos metros cuadrados.

En cuanto a la existencia de poderes paranormales en el hombre, queda aquí cumplidamente demostrada por el modo en que Madame Kahl captaba el pensamiento de los demás.