La estigmatización experimental

A los fenómenos de estigmatización religiosa y demoníaca pueden añadirse ios numerosos experimentos de quemaduras, equimosis , dermografía por sugestión, que han sido efectuados o estudiados por Beaunis, Janet, KraftEbbing, Rybalkin, Focachon, Binet y Féré, Wetterstrand, Podiapolski, Burot, Viosin, Mabille, Moutier, Osty, etc. Dichos experimentos demuestran que el pensamiento puede actuar no sólo sobre los fenómenos funcionales, el ritmo cardíaco y las contracciones gástricas, por ejemplo, sino que es igualmente capaz de provocar modificaciones somáticas profundas.Son precisamente estos fenómenos los que vamos a examinar y a los que damos el nombre de estigmas psicológicos y metap síquicos, reservando muy particularmente el calificativo de me tapsíquico a los hechos extraordinarios presentados por Madame Kahl, y acerca de los cuales insistiremos. Veamos, primero, los más sencillos de la serie o, más exactamente, los menos asombrosos.

Si hay un traumatismo que parezca tener una causa absolutamente material, incontestablemente es la quemadura. Casi siempre de origen accidental, parece escapar del modo más absoluto al psiquismo. Y, sin embargo, varios experimentos prueban el papel que desempeña el pensamiento en la producción de ampollas.

El experimento se realiza con más facilidad en los individuos histéricos. Se anuncia al sujeto que tiene una verruga o un grano cualquiera en la espalda, y se le persuade de que es preferible hacer desaparecer la pequeña excrecencia. Se hará le dicen con una moneda calentada al fuego; la operación será extremadamente rápida, y el sufrimiento, poco. Se coge entonces una pieza de un franco y se la entibia, no demasiado, de modo que sea perfectamente soportable para la mano. Se aplica en seguida sobre la espalda del paciente con la ayuda de una pinza, a fin de que se suponga que está muy caliente. Se la deja durante dos o tres segundos, se coloca un vendaje, con esparadrapo, y, al cabo de algunas horas, puede a veces comprobarse que la pieza ha hecho en la piel una auténtica quemadura, con ampolla muy ostensible. El sujeto ha creído que la pieza estaba calentada al fuego, y esta sola certeza ha bastado para hacer aparecer una quemadura. Nosotros mismos hemos efectuado este experimento en diversas ocasiones con pleno éxito.

También pueden suscitarse hemorragias por sugestión. Así fue como el profesor Artígalas, que sugirió a un paciente, sujeto a hemorragias naturales por los oídos y los ojos, que saldría sangre de las palmas de sus manos, la sugestión fue seguida de efecto inmediato; fue necesaria una nueva sugestión, en sentido contrario, para hacer desaparecer aquellos síntomas. Ya en 1885, los doctores Bourru y Burot presentaron, en el Congreso médico de Grenoble, el caso de un enfermo en quien habían conseguido provocar, por sugestión, una dermograña intensa, seguida de mía exudación sanguínea. Por su parte, el doctor Mabille obtuvo con facilidad, con el famoso Louis Viré, la aparición, en el brazo, de una V sanguinolenta.

Los recientes experimentos hechos por Adolf Lechler con una joven, son más demostrativos aún. La enferma sufría diversos trastornos más o menos graves: dolores de cabeza, temblores, úlceras, esputos de sangre, etc. Por sugestión, el experimentador consiguió hacerlos desaparecer, y llegó a la conclusión de que eran de naturaleza histérica. Pero, por una especie de fenómeno compensador muy conocido por los médicos, los síntomas que desaparecían eran remplazados por otros igualmente graves: depresiones, parálisis, anorexia, alucinaciones visuales y auditivas. Es lo que los homeópatas llaman metástasis, que no debe confundirse, claro está, con la metástasis cancerosa. Para descubrir la causa real del fenómeno, Lechler tuvo la idea de servirse de la hipnosis y del psicoanálisis. Supo en seguida que la enfermera era susceptible de contraer varias enfermedades, de las que había oído hablar. Algunas veces le bastaba con ver una persona enferma para ser aquejada del mismo mal. Hecho que nos interesa particularmente aquí: el Viernes Santo de 1932, después de haber contemplado un cuadro que representaba la Pasión de Cristo, se le hincharon y le dolieron las manos y los pies.

Esta comprobación dio a Lechler la idea de hacer a su enfermo algunas sugerencias sobre los extraordinarios fenómenos presentados por Teresa Neumann. Así, le pidió que pensara durante una noche en lo siguiente: En los lugares donde sufro aparecerán llagas. Efectivamente, por la mañana, llagas húmedas y ligeramente sanguinolentas aparecieron en las regiones dolorosas.

Entonces la persuadió de que sus llagas se harían más profundas. Fue lo que ocurrió, en efecto, hacia mediodía.

Algún tiempo después de este experimento, el médico ordenó a la joven que pensara de continuo en las lágrimas de sangre de Teresa Neumann, y le sugirió que no tardarían en brotar de sus ojos. En efecto, dos horas después de la sugestión, el sujeto lloraba lágrimas de sangre. Una sugestión en sentido contrario, hizo que cesaran.

Lechler produjo igualmente los estigmas en corona de la cabeza, y las hizo sangrar bajo la sola influencia del pensamiento. Una vez pidió a la paciente que meditara sobre Cristo llevando su cruz. Lo hizo tan bien, que sus espaldas se tornaron rojas y doloridas, y su cuerpo tomó una posición inclinada como si soportara el peso de una cruz.

Claro está que estos experimentos fueron llevados a cabo con toda la minuciosidad deseable. La enferma estaba vigilada de cerca, bien por el médico, bien por enfermeras especializadas.