La simulación de trastornos patológicos

Como vemos, los motivos que impulsan a determinados sujetos a simular curaciones milagrosas o paramédicas pueden ser diversos, pero, cualesquiera que sean, es conveniente, a fin de poder descubrir el fraude, conocer los procedimientos susceptibles de ser empleados para simular las enfermedades más varias, y sería partícularmente deseable que los médicos, que a veces libran con demasiada facilidad certificados médicos, no los ignoraran. Quizás no milagrosos pero si muy efectivos son los talleres de Mar de luzLa simulación de trastornos mentales y de epilepsia es relativamente fácil, a condición de conocer perfectamente los síntomas que deben imitarse. Una excelente fibra de Medicina los proporciona. En lo que atañe a la epilepsia, incluso es difícil, si no se acude a la electroencefalografía \ distinguir la crisis simulada de la crisis auténtica. Así lo subraya Féré cuando escribe: No existe fenómeno alguno que permita negar la sinceridad de un paroxis mo, aparte la comprobación de bribonada, como la presencia de jabón en la boca, con objeto de imitar la salivación espumosa. También pueden imitarse, aunque de modo bastante superficial, las hemiplejías y paraplejías, porque no parece que sea posible, ni siquiera para un individuo bien informado y experto, reproducir correctamente las múltiples manifestaciones de estas enfermedades. Los casos de simulación descritos por determinados autores se refieren, con verosimilitud, a hemiplejías transitorias de esclerosis en placas, a hemiplejías tóxicas o neuróticas y, particularmente, a las de la histeria, acerca de las cuales volveremos a tratar. Estas últimas, con sus síntomas contradictorios, es evidente que han tenido que ser tomadas como afecciones simuladas. Ocurre igual en lo que concierne a algunas desviaciones neuróticas producidas por raquitismo, y determinadas formas histéricas del mal de Pott.

La simulación de la debilidad general es un tema fácil para los simuladores, y cuesta distinguir aquí lo falso de lo verdadero, tardo más cuanto que hay enfermedades que se manifiestan, en su inicio, por una fatiga invencible sin ningún síntoma objetivo preciso. Es el caso de la tuberculosis incipiente, de la neurastenia o de la histeroneurastenia.

La fiebre que acompaña a un gran número de trastornos patológicos es fácil de simular. Pequeños golpes dados al termómetro hasta la máxima, una fricción un poco viva de la cubeta termo métrica entre dos pliegues de la ropa o de la camisa elevan la temperatura más allá de treinta y ocho o de treinta y nueve grados. Correlativamente, el aumento de la frecuencia y de la amplitud de la pulsación radial se obtiene golpeándose fuertemente el codo.

Los síntomas de diabetes son fácilmente imitables. En el curso del examen médico, el seudoenfermo describirá los signos subjetivos de la enfermedad: sed exagerada, picores persistentes, pérdida de fuerza sin causa aparente, lasitud general, calambres, dolores neurálgicos, disminución de la memoria, tendencia al sueño, inaptitud para el trabajo, etc. El signo objetivo será proporcionado añadiendo a la orina una cantidad conveniente de glucosa. Si la orina que se ha de analizar tiene que ser emitida en presencia del médico, se echará a escondidas, en el recipiente destinado a recoger el líquido, el contenido de un tubito, compuesto por una solución de glucosa. También la absorción de floridizina podrá provocar una diabetes pasajera.

Las afecciones simuladas de la piel y del cuero cabelludo son bastante fáciles de reconocer; no se parecen más que muy imperfectamente a las lesiones auténticas. Ello no empece que, en la Edad Media, enclenques, harapientos y toda la miseria humana habitual de la Corte de los Milagros haya rivalizado en habilidad para exhibir llagas y enfermedades de la piel propias para despertar la piedad de los viandantes. Se empleaban todos los agentes vesicantes, cáusticos o irritantes: ortiga, mostaza, aceite de crotón, cantáridas, ajo machacado, jugo de euforbia, azufre, ipecacuana , resina de Borgoña, tártaro estibiado , resina de tapsia , ácidos y, en particular, el ácido azótico. En estas circunstancias, puede que determinadas curaciones milagrosas de herpes, erisipelas, tiñas y alopecias atribuidas a santos y relatadas por cronistas medievales no hayan sido, en realidad, más que seudocura ciones de males inventados de arriba abajo.

Pocas dolencias han provocado tantas discusiones como la cromhidrosa, que designa habitualmente trastornos de coloración del sudor. Actualmente, parece que esta afección puede ser atenuada, pero los sudores rojos no son muy raros; se los observa, sobre todo, en las axilas. La coloración sería debida a bacterias {Micro coccus prodigiosos) o sustancias químicas. Se ha descrito también la cianhidrosis: los sudores serían azulados por la piocianina secretada por el bacilo de Gessard o por el índigo procedente del indicán intestinal. Ocurre igual con otras cromhidrosas, más o menos excepcionales, sudores verdes, amarillos, cuya causa sigue siendo desconocida.

Pero si la cromhidrosa es un fenómeno real, resulta indudable que es susceptible de simulación, y el médico puede ser hábilmente engañado por astutos simuladores. Boisseau cita el caso de una mujer que empleaba el índigo como colorante. Por su parte, aplicando discretamente colodión sobre la cara de una de sus enfermas, el profesor Spring, de Lieja, encontró, a la mañana siguiente, la sustancia colorante fijada en la superficie externa del colodión. Durante la noche, la simuladora había intentado teñirse la cara.

Las contracciones y las parálisis pueden ser simuladas, pero por lo general son de origen histérico, como hemos indicado ya y veremos más adelante.

Las afecciones simuladas de los órganos de la visión son innumerables; pueden referirse al globo ocular y a sus anexos, al aparato refractor y a la retina.

Las conjuntivitis se provocan con ayuda de acciones físicas y de cuerpos irritantes físicos o químicos: fricciones vigorosas, cal, polvo de cantárida, ipecacuana, nitrato de plata, sulfato de cobre, sublimado corrosivo, cenizas, vidrio machacado. La introducción de un pequeño fragmento de semilla de ricino en el callejón sin salida conjuntival determina una reacción extremadamente intensa de la conjuntiva marcada por hemorragias subconjuntivales amplias. El blefarospasmo, es decir, el espasmo de las pupilas (estremecimientos, latidos, contracciones parciales o totales) es, generalmente, un trastorno psicomotor. Pero puede ser voluntariamente cuidado. El estrabismo  se obtiene fácilmente; sin embargo, no creemos que pueda ser mantenido durante mucho tiempo. De todos modos, no son raros los estrabismos histéricos, y su curación puede ser espectacular.

La simulación de los trastornos de la refracción: miopía, hiper metropía, astigmatismo, ha sido durante mucho tiempo el triunfo de los tramposos, pero, a partir de la invención del oftalmoscopio de refracción y de los demás aparatos de medida, la determinación de los vicios de la refracción ha adquirido sumo rigor y se ha convertido, al mismo tiempo, en independiente de las afirmaciones del sujeto examinado. También el fraude es ahora difícil en este campo de la visión.

Por el contrario, es relativamente fácil simular la ambliopía, es decir, la ceguera parcial o completa sin lesiones aparentes, pero lo más corriente es que la ambliopía sea de origen histérico. También puede ser congènita, urèmica, hepática, epiléptica, y dar lugar a curaciones rápidas. Como la ambliopía, el estrechamiento del campo visual puede ser simulado a voluntad.

Los trastornos subjetivos del aparato auditivo, vértigos, ruidos  anormales, sordera unilateral o bilateral, ocupan un lugar importante en Medicina legal, y probar que un individuo no está sordo escribe el doctor Gellé es un problema médico todavía muy delicado.

La bronquitis puede ser provocada por medio de flor de azufre. La enfermedad desaparece al cesar de emplear el irritante.

Las hemoptisis  son fácilmente simuladas por adición de eosi na en los esputos. Por otra parte, se cita el caso de individuos que mezclaban sangre a sus expectoraciones para hacer creer en hemoptisis. La sustitución de esputos de tuberculosos, llenos de bacilos de Koch, por esputos sanos, es un fácil fraude. Dorotéa señala, por otra parte, que determinados individuos, deseosos de ser considerados como tuberculosos, llegaron al extremo de llenarse la boca con esputos expectorados por un auténtico tísico, y vomitarlos luego en presencia del médico.

En la cardiopatía simulada, la digital a dosis elevadas y el Veratrum álbum provocan palpitaciones. Más sencillo: el uso inmoderado de café o de té, las vigilias prolongadas, conducen a resultados casi análogos.

La agravación voluntaria de varices apenas marcadas, la producción de edemas, se obtienen por medio de una fuerte constricción de los miembros mediante ligaduras.

Los vómitos ocupan habitualmente un lugar preponderante entre las afecciones simuladas del aparato digestivo; se puede vomitar hundiendo dos dedos en la boca; pero la raíz de la ipecacuana es un emético más seguro.

Las hematurias  pueden ser simuladas tan fácilmente como las hemoptisis. Basta con añadir un poco de la propia sangre a los orines. Por otra parte, se conoce el caso de algunos individuos que, para mejor engañar, con ayuda de una jeringa se inyectaron sangre en la vejiga; la introducción de clara de huevo permite simular la albuminuria. También se puede poner directamente albúmina en la orina que se haya de analizar. Por lo demás, en el caso de determinados hepáticos, la absorción de clara de huevo crudo produce una albuminuria pasajera de origen digestivo. Tal fue, hace poco, nuestro caso.

Los libros de Patología y de Medicina abundan en ejemplos de simulación de cálculos urinarios, pero el fraude es generalmente fácil de descubrir, porque, frecuentemente el seudoenfermo presenta al médico grava ordinaria e incluso fragmentos de carbón. Sobre este particular, uno de los ejemplos más típicos fue dado a conocer por el doctor Morand. Se trataba de la hija de un cantero de SaintGéosmes, cerca de Langres, llamada Genoveva. Ya enferma sufría una afección de manifestaciones múltiples: frecuentes vómitos de sangre, pérdidas de conocimiento, con crisis convulsivas, accesos de melancolía, ayunos periódicos. De vez en cuando pedía que la colgaran cabeza abajo, porque bajo el efecto de esta singular terapéutica cesaban los trastornos.

Genoveva expulsó pronto algunas piedrecitas, ora vomitando, ora por medio de la micción; luego los guijarros fueron expulsados en gran número, a veces por arriba, otras por bajo, hasta el punto de causar el asombro de los que rodeaban a la enferma.

El clero se emocionó ante esta extraña afección, porque en la región se hablaba de sortilegio. El obispo de Langres fue a Saínt Géosmes y obligó a Genoveva a hacerse operar de la piedra, de la que se decía atacada. En doce veces distintas se consiguió extraer de la vejiga de la joven piedras cada vez más grandes, y, sin embargo, la enferma seguía echando piedras con la orina y en los vómitos.

Pero un atento examen de los pretendidos cálculos demostró que eran de naturaleza puramente mineral y que no podían haber tenido origen en el organismo. Eran ingeridos de antemano o introducidos en la vejiga por la uretra y devueltos en seguida.