Las terapéuticas morales

A la terapéutica preconizada por la Christian Science, y, en general, a todas estas terapéuticas mitad metafísicas, mitad religiosas, que hacen a menudo de Dios un curandero, se les pueden agregar las terapéuticas morales practicadas primero en Europa y luego en América. En efecto, como en el método de Mrs. Eddy, las terapéuticas morales recurren, para restaurar la salud, a la inteligencia, a los sentimientos morales e incluso religiosos de los enfermos. Pero difieren de la Christian Science y de las sectas curanderas de esta clase, por su sólido fondo racional, por su preocupación constante en descartar las exageraciones, y por sus objetivos mucho menos ambiciosos: la moralización médica no intenta más que cuidar las psiconeurosis, y no pretende realizar milagros.

Entre los pioneros de esta terapéutica, conviene citar en primer lugar a Monsieur Dubois, de Berna, que precisó, en su obra principal Les Psychonévroses et leur traitement moral, así como en determinado número de artículos, lo esencial de sus conceptos y de sus procedimientos. Por su parte, Strumpell, Oppenhein, Buttersack en Alemania, Forel, en Suiza, Dejerine, Camus, Pag niez, P.E. Lévy en Francia, han seguido, por lo general, a Monsieur Dubois, y a veces le han precedido. En fin, en América, el movimiento, con Elwood Worcester y Samuel McComb, rectores de la iglesia episcopal de Boston, tomó una extraordinaria amplitud: empezó por ganarse a la mayor parte de las iglesias de la misma obediencia, y luego se extendió a las iglesias bautistas, unitanas, presbiterianas e incluso católicas. Los cuidados se prestan simultáneamente a los enfermos por el médico, el pastor o el sacerdote.

La base del tratamiento moral escribe Monsieur Dubois consiste en una conversación íntima y cotidiana con el enfermo Es preciso avanzar hacia la enfermedad sin armas, sin medicamentos; esto da al paciente la convicción de que no hay peligro, lo que es en extremo importante La única arma debe ser la palabra incitante El verdadero médico hace más bien con su palabra que con sus recetas Es preciso demostrar que hay multitud de trastornos nerviosos que hacen creer, equivocadamente, en enfermedades de corazón, en meningitis, en neoplasmas cerebrales, en peritonitis tuberculosas, cuando en el organismo no hay nada semejante

No os toméis en serio las palpitaciones de vuestro corazón, porque dependen de un estado continuo de inquietud, y no ofrecen peligro alguno Los trastornos gastrointestinales que presentan los nerviosos no tienen consecuencias: dependen de la influencia de las representaciones sobre las visceras La principal causa de la enterocolitis es una reprentación mental defectuosa, la fijación del pensamiento sobre el intestino Los insomnios de que se quejan tan a menudo los enfermos y que dependen de la inquietud persistente, no significan nada, y es preciso no ocuparse de ellos.

No ocurre nada por padecer insomnio durante algunas noches; que el enfermo llegue, pues, a propósito del sueño, a la indiferencia completa, que se resume con estas palabras: Si duermo, tanto mejor; si no duermo, tanto peor Las crisis convulsivas no son más que la expresión de un malestar moral; las parálisis, las impotencias, no presentan características más serias: ¿Está paralizado, dice usted? No tiene usted más que fatiga nerviosa, muy explicable después de las preocupaciones que ha sufrido. No se inquiete usted por ello, mañana todo irá mejor. En cuanto a los trastornos morales, no constituyen verdaderas desgracias; son naderías, pequeñas contrariedades, pinchazos de aguja de la vida: basta un poco de filosofía fácil de inculcar para restablecer el equilibrio mental. No conviene tomarse en serio los síntomas, y sí evitar tratarlos: Es preciso renunciar a los sondeos del estómago, a las comidas de prueba, a las investigaciones químicas Precisa desdeñar la afonía de los histéricos, así como sus anestesias No me detengo a mirar las piernas paralizadas; no interrogo la sensibilidad por medio de la aguja: admito, de buenas a primeras, que esos desórdenes no existen

El médico tiene que destruir todo ese andamiaje de temores, de teorías falsas, suspender el mecanismo mental gracias al que el enfermo ha llegado a sus ideas falsas, y repetirle siempre: No piense usted en ello Pase sonriendo sobre estas pupas. Para terminar, Monsieur Dubois da algunos consejos positivos: Olvidad vuestro estómago y vuestro intestino, soportad alegremente las indisposiciones y meteos en la cabeza la ambición de vivir una vida activa y animosa Hay que vivir con una imperturbable confianza en su resistencia, en su irrom pibilidad

Es preciso querer gozar de buena salud y saber echar todos los malestares al cesto de las pupas, y el mejor medio para olvidarse de sí mismo estriba en pensar un poco más en los demás: Existe un egoísmo que no me cansaría de recomendar escribe Monsieur Dubois: es el altruismo, que no es más que un egoísmo perfeccionado.