Los curanderos espiritistas

También los curanderos espiritistasutilizan por lo general la oración como agente de curación, pero, en sus curas, hacen intervenir, además, a los espíritus, bien para pedirles consejos puramente médicos, bien para solicitar sus fluidos bienhechores.Así, Mrs. Eileen Garrett, personalidad muy conocida en los ambientes espiritistas y parapsicológicos anglosajones, presidenta fundadora de la Parapsychology Foundation de Nueva York y autora de obras psíquicas muy apreciadas: My Life in Search for the Meaning of Mediumship; Télepath: In Search of a Lost Fa culty; Awareness; Adventures in the Supemormal; The Sense and Nonsense of Prophecy; Life Is the Healer; An Anthology from Tomorrow; Man Survive Death; Man the Maker, así como de algunas novelas, recibió, durante varios años, instrucciones médicas del espíritu del doctor James H. Hyslop. Sus comunicados me diúmnicos pueden leerse en Cure Through suggestion, publicado por Helen C. Lambert. Mrs. Eileen Garrett celebra algunas veces coloquios en estado consciente, pero sus audiciones en estado de trance, de las que luego no se acuerda para nada, presentan un carácter espiritista mucho más notable.Hasta el 28 de noviembre de 1931 dice Mrs. Lambert, las comunicaciones fueron hechas aparentemente por el control Uvha ni, en nombre de varias entidades; pero, cediendo a una petición que le fue dirigida, Uvhani ofreció el puesto al “espíritu” del doctor Hyslop, el cual quiso hacemos partícipes de lo que había sabido sobre las curaciones después de su desencamación.

Las modalidades de tratamiento preconizadas por el difunto doctor Hyslop fueron de las más variadas, pero siempre de naturaleza psíquica; iban desde la oración y el ascetismo hasta el hipnomagnetismo y la telepatía. Asma, artritis, dolores varios, temblores, trastornos cerebrales, amnesias*, lesiones orgánicas, pituita *, enfermedades del hígado y del páncreas, spleen (tedio) e hiponcodría, reumatismos, anemia y linfatismo, tumores glandulares, diabetes, llagas, cardiopatías, obsesiones, alucinaciones, fobias y enfermedades mentales. Todo ello fue tratado, y muy a menudo, con éxito.

En Inglaterra, una asociación: Guild of Spiritual Healing (Agrupación para curas espirituales) ha cuidado igualmente a los enfermos según las instrucciones de un médium, Mr. Simpson, a

su vez controlado por un espíritu, el doctor Lascelles. Así se habrían obtenido un número extraordinario de curaciones. Además, una sección del Guild, de orden completamente espiritualista, utilizaba la oración científica o armonizada. El procedimiento recuerda el utilizado por el antonismo, el cual, por otra parte, y en algunos de sus aspectos, puede ser considerado como una religión curandera espiritista. El grupo terapéutico, que comprendía siete miembros (cifra mágica), rezaba al mismo tiempo que el enfermo, que podía estar a cien leguas de allí. El gran resorte de este modo de operar sería la sincronización de los pensamientos en comunión. Así fueron tratados enfermos en Africa del Sur, en Australia, en China, en Malasia. La distancia, afirma Mr. Simpson, no presenta obstáculo alguno si el paciente cae en simpatía de acción en el momento preciso que el grupo ha fijado para la concentración de su esfuerzo sobre su caso. El grupo parece actuar de modo positivo, como un puesto de transmisión, y el enfermo como un aparato de recepción, unidos por un haz de ondas vivificantes.

Cada semana, de mil a dos mil enfermos fueron cuidados por los métodos del Guild, y resulta curioso comprobar que el cuerpo médico británico ha visto la obra con simpatía; incluso en determinados casos, algunos médicos no han menospreciado cooperar a su acción, y los hay de ellos que han enviado a sus propios allegados a ser tratados en el nuevo dispensario. Entre las enfermedades atajadas o curadas se citan particularmente casos de cáncer, de tuberculosis, de parálisis infantil, varios trastornos cardíacos, un caso de lepra blanca y tres de ceguera.

Los atajadores, los sopladores y los tocadores

Con los atajadores, los sopladores y los tocadores entramos en una mística curandera popular que recurre a las fórmulas mágicas.

Atajar es hacer con el reborde de la mano una señal de la cruz sobre la región enferma y recitar al mismo tiempo las palabras sacramentales. Todavía ahora, en algunos pueblos de la Touraine y del Berry, el primer cuidado de los lisiados está en hacerse atajar un esguince, una torcedura, una picadura. No se recurre a los cuidados del médico más que cuando la curación se hace esperar demasiado. En Perche no se conoce al atajador, pero el soplador ejercita allí sus talentos. Sopla sobre la parte enferma y en seguida recita la fórmula curadora; en el caso de hemorroides, después de haber soplado contornea el esfínter anal con el índice humedecido con saliva.

Así como el atajador ataja y el soplador sopla, el tocador toca. Está señalado por el Destino, que le ha deparado el don de curar. Es, en efecto, el séptimo hijo varón. Como sus colegas atajadores y sopladores, emplea fórmulas mágicas.

Éstas se exponen profusamente en los libros de magia. En nuestros días, Eliphas Lévi ha citado muchas de ellas que hace poco, e incluso ahora se usan en determinadas campiñas. Se trata de una rara combinación en que se mezclan trozos de oraciones, palabras latinas o hebreas, con otras que no tienen sentido alguno, sea porque nunca tuvieron, sea porque hayan sido deformadas por la defectuosa pronunciación de los ignorantes, que se las pasan oralmente.

La palabra cumbre de la magia curandera es ABRACADABRA. Parece que encanta a buen número de enfermedades y principalmente a la fiebre. En Oriente la llevan en el cuello, a guisa de amuleto, escrito en triángulo sobre un pergamino o sobre una chapa metálica, dispuesta de tal modo que pueda ser leída en varios sentidos.

Existe todo un ritual contra las hemorragias. Se puede tomar una taza de agua fría y dejar caer en ella tres gotas de sangre; luego se le da a beber al paciente y se le pregunta: ¿Quién te ayudará? Tiene que responder: Santa María. y el curandero dice entonces: Sancta María, hunc sanguineum firma. También se puede humedecer el dedo en la sangre y escribir con esta sangre sobre la frente del enfermo: Consummatum est. O bien, decir tres veces, sin equivocarse, lo que es bastante difícil: San guis, mane fixus in tua vena sicut Christus in sua poena. Sanguis, mane sicut Christus quando fuit crucifixus. Otras fórmulas hemostáticas son igualmente empleadas por los brujos de nuestras campiñas. He aquí las que pueden ser más eficaces:

Con la sangre de Adán la muerte salió f. Con la sangre de Cristo, la muerte se suavizó t Yo te mando, oh sangre, en virtud de esta muerte, que detengas tu curso.

Cristo nació en Belén y sufrió en Jerusalén; su sangre se enturbió. Te digo que te detengas, por el poderío de Dios y por la ayuda de todos los santos, igual que el Jordán dentro del cual san Juan bautizó a Jesucristo. En nombre del Padre, del Hijo, etc.

Curat, cara sarite confirma consana imaholite. Sepa f sepaga t sepagogat sangre, deténte. Todo está consumado, en el nombre del Padre f podendi t y del Hijo f pandera t y del Espíritu Santo t pandorica t la paz sea contigo. Amén.

Se puede también hundir un dedo en la llaga, hacer! tres cruces y decir cinco padrenuestros, con cinco avemarias, y un credo,

S 3.155 en honor de las cinco llagas de Nuestro Señor Jesucristo.

En fin, la frase siguiente, sacada del Evangelio, detendría en el acto cualquier hemorragia, por grave que fuese.

De latere ejus exivit sanguis et agua.

Contra los humores fríos, se calienta, bajo la ceniza, una mata de verbena, con sus raíces; la planta debe aplicarse sobre el enfermo en ayunas, por una virgen igualmente en ayunas. Y el brujo, escupiendo tres veces, murmura: Apolo niega que la peste pueda crecer, que habrá apagado una virgen desnuda.

Para curar la epilepsia, se invocan, en tres versos latinos, los tres Reyes Magos.

Una sopladora de los alrededores de Chartres emplea contra las quemaduras la siguiente fórmula: Fuego del cielo y de la tierra, aplaca tu calor, “examarette” (bis), como Nuestro Señor perdió sus colores en el Huerto de los Olivos. Así sea.

Circundo el mal, dice Madame D, curandera en Lagorgére, trazo sobre él la señal de la cruz y digo una oración; las hay para las quemaduras, los eccemas, los chancros, las mordeduras de serpientes.

Los esguinces y las torceduras no resisten, al parecer, a esta suplica: Que Dios, la señora Santa Ana, los Bienaventurados santos^ Cosme y Damián te encajen los huesos, los nervios y las articulaciones. Después de lo cual, lisiado y curandero hacen cada uno la señal de la cruz y todo queda dicho y hecho.

Un curandero, muy conocido en el Var y en los departamentos limítrofes, D. G., procedía de modo singular. Preguntaba nombre y apellido de la persona enferma, luego se iba a campo traviesa, pronunciaba una oración misteriosa, y, al mismo tiempo, hundía un cuchillo nuevo en la tierra; esto bastaba para obtener la curación. Se han encontrado miles de cuchillos hundidos en el suelo.

El brujo se ocupa también, de muy buena gana, de arte veterinario. Así, cura al caballo de los gusanos diciendo, mientras se persigna varias veces: Yo te conjuro, a ti, gusano, que no comas ni chupes la carne ni los huesos de este caballo y que seas tan apacible como lo fue aquel buen personaje llamado Job y tan bueno como san Juan cuando bautizó a Nuestro Señor en el Jordán. En seguida cuchichea tres padrenuestros y tres avemarias a la oreja del animal.

Con la ayuda de parecidas súplicas, lucha contra las enfermedades de los rebaños: viruela, sarna, etc. Monsieur Lotus Marín, miembro del Instituto de Francia, ha escrito que conoció personalmente a un campesino que, murmurando alguna oración, curaba a las bestias afectéis de meteorismo. Fue estudiado por el profesor Bemheim, quien reconoció la realidad del hecho. Anotemos incidentalmente, aunque no se trate de magia curandera, que, en determinados países, el brujoveterinario expulsa las larvas con esta sorprendente e irreverente fórmula: Orugas queridas, que esta comida que hacéis en otoño os aproveche tanto como gozaba la Virgen María cuando, al beber y al comer, no se hablaba de Jesucristo. En nombre de Dios. Amén. Después de lo cual, anda por entre las plantas devoradas por los gusanos, golpeándolas con una varita cogida cerca de la casa de un adúltero.