¿El perdón es la salvación?

¿Cómo liberarnos del sufrimiento cuándo en nuestro interior todavía existe ira, rabia, tristeza, hacia personas que han resultado dañinas?  ¿Cómo desarrollar la clemencia por los demás ante hechos dolorosos que han influido en nuestra vida? ¿De dónde proviene el perdón? ¿Cuál es la clave para poder perdonar de corazón? ¿Es realmente el perdón la llave de la sanación?

El perdón desde el consciente

El perdón es la mala hierba que crece de la semilla del juicio. Es la vanidad total y el auto-engaño de que hay algo que perdonar.

En un nivel práctico para poder perdonar se tiene que producir un hecho lo suficientemente ofensivo, como para que la persona que recibe el agravio pueda disculpar el comportamiento deleznable del que menosprecia. Es entonces cuando la persona ultrajada se coloca sin darse cuenta en una situación de superioridad, al tener que decidir a nivel mental y emocional si puede perdonar, o no.

perdon de dos seres

En muchas ocasiones dependiendo de cuál sea la afrenta, perdonar puede no resultar fácil. ¿Cómo se puede perdonar que un padre abuse sexualmente de una hija? ¿Cómo otorgar el perdón al asesino de un padre, por el cual el hijo se ve obligado a experimentar una vida de sufrimiento y penurias? ¿Puede la justicia compensar una pérdida que se siente desde lo más profundo del alma?

Hay hechos que son tan dolorosos que la persona que los sufre, siente como si le hubieran arrancado una parte de su corazón. Y es entonces cuando la víctima padece una y otra vez a nivel mental y emocional, el acontecimiento doloroso que se vivió en el pasado. A ésta repetición constante se le llama resentimiento. La persona acoge en su interior tanta rabia y tanta desesperación que al no ser libre, continúa atrayendo situaciones que por las características de lo que le llevan a sentir y a pensar, le conectan continuamente con el antiguo hecho.

Ante acontecimientos marcados por tanto dolor, si la persona perdona lo hace de cara a los demás. Cuando alguien perdona lo imperdonable se convierte en un santo, en una buena persona, y esto a nivel social es muy aceptado. La sinceridad ante el perdón es necesaria para el que perdona, porque si realmente no es sincero, no se piensa y se siente desde el corazón, no sirve de nada.

Cuando somos honestos con nosotros mismos podemos reconocer que en algunas ocasiones, si la ofensa no es demasiado grave, perdonamos por interés porque sacamos más partido estando de buenas con la persona que nos resulta insoportable, que si continuamos sosteniendo el enfado, por lo que el perdón se otorga por conveniencia.

Cuando nos vemos ante una situación en la que tenemos que perdonar, no está nunca de más preguntarnos: ¿para qué perdono?

La famosa frase conocida por todos ya que es un dicho popular, representante por lo tanto de verdades comunes para el inconsciente colectivo dice: “perdono pero no olvido”. Demostrando que entonces no se ha perdonado.

El perdón no es real. Es la manifestación de que el ataque y el dolor pueden afectar a alguien, teniendo en cuenta que esa persona no es un cuerpo físico sino un alma en contacto constante con el amor y la libertad. Cada vez que nos culpamos de algo, que perdonamos o pedimos perdón, estamos materializando la separación y la sensación de que nos merecemos sufrir.

Para el ego, el perdón si es necesario. Para el alma que está llena de sabiduría, no.

El perdón en el inconsciente

Las constelaciones familiares nos muestran la realidad de lo que supone el perdón en el inconsciente colectivo.

Constantemente trabajamos casos en los que ocurrieron hechos violentos en el inconsciente colectivo (familiar/ancestral), de los valientes que realizan la terapia.

Vamos a poner un ejemplo de un caso que se repite muy a menudo en las constelaciones familiares de Mar de Luz: los violentos hechos que ocurrieron en muchos sistemas familiares durante la guerra civil.

El descendiente que ha heredado directamente el patrón de víctima, viene a constelar  una situación de malos tratos físicos y psíquicos. Al llegar a la raíz del problema nos encontramos con que el abuelo corresponde a la dinámica de hechos violentos.

Le preguntamos a la persona que está realizando la terapia, si su abuelo estuvo en la guerra civil.Nos dice que le fueron a buscar a casa, y nunca más volvió. Ni siquiera saben dónde está enterrado. Esto supuso para la familia la ruina emocional y económica, por lo que éste hecho produjo un gran daño para todo el inconsciente familiar del paciente.

En muchos casos los familiares que vivieron el acontecimiento directamente, no están por la labor de perdonar. Lo que quieren en el mejor de los casos es recuperar lo que perdieron, para empezar su dignidad: el derecho a tener una vida que sea respetada, que sea tratada con equidad, con justicia.

Es a través de la aceptación de lo que ocurrió, cuando las almas del sistema familiar son capaces de elevarse por encima de lo que consideran correcto y real, del entendimiento de que en realidad no se perdió nada, que la pérdida y la justicia no son más que una percepción errónea del ego, un aprendizaje a través del dolor. Pueden entonces liberarse del juicio. Pueden contemplar el gran invento dañino que supone la necesidad de venganza. Porque en realidad el que señala con el dedo, quien condena se está condenando a sí mismo. Es importante entender que todos somos uno.

El perdón a los padres

En constelaciones familiares aprendemos que perdonar a los padres no es beneficioso para los hijos. Los padres representan el origen de la vida, y perdonarles está implicando que se ha realizado un juicio sobre ellos. Al juzgar a los padres, nos juzgamos a nosotros mismos, y si tenemos la falta de humildad de perdonarles, nos estamos colocando en una situación de superioridad hacia ellos, que genera siempre sensación de vacío, porque inconscientemente esto se interpreta como que es el hijo el que tiene que salvar a los padres.

A los padres no se les perdona. Se les acepta, que ya es bastante. Cuando soltamos la necesidad de que nuestros padres sean como nosotros queremos, que nos quieran como nosotros necesitamos, cuando aceptamos que ellos nos van a querer y nos van a dar en la misma medida que han recibido, entonces podemos afrontar la vida con madurez emocional. Podemos realizar la verdadera sanación de entender que estamos percibiendo un mundo erróneo. El auténtico amor es algo mucho más grande de lo que podemos llegar a entender o incluso sentir. Porque el amor con letras mayúsculas no entiende de necesidad, el amor simplemente es.

 La justicia y el perdón

Cuando algo es irreparable y necesita una compensación, una objetividad manifiesta que pueda liberar a la víctima de la sensación de abuso, es cuando aparece la justicia. Para mediar en conflictos en las que las partes ni entienden, ni aprueban el punto de vista del otro. Cuando los sucesos sensibles de ser juzgados, trascienden la parte humana del hombre para acercarse a la animalidad, cuando el bien común está siendo amenazado por hechos lamentables que horrorizan a la sociedad, es cuando la justicia puede condenar. Pero no está sólo para condenar, también encontramos la parte benefactora de la justicia cuando absuelve al inocente.

¿Pero qué es el juez sino una forma mortal y tangible de la representación de la justicia divina? Las religiones muestran cuál es  el error que el ser humano ha aceptado como espiritualidad desde lo más profundo y ancestral de la raza humana. En absolutamente todas las religiones de la humanidad: el cristianismo, el judaísmo, el islam, incluso el budismo se encuentra presente el perdón, y por lo tanto la culpa.

Desde siempre el hombre ha utilizado la religión, su creencia en lo divino para rechazar la parte pecaminosa de sí mismo, la necesidad inconsciente de tener que pagar algo por ser culpable del pecado.

En el antiguo testamento de la biblia, donde se muestra a Dios como el gran representante del Dios castigador al que se rezaba para que los enemigos fueran destruidos:

“¡Entrega pues a sus hijos al hambre, abandónalos a merced de la espada! ¡Quédense sus mujeres sin hijos y sin maridos! ¡Mueran de peste sus hombres y sus jóvenes atravesados por la espada en la guerra! ¡Óiganse salir gemidos de sus casas cuando de improviso mandes tú contra ellos hordas de saqueadores!” Jeremías 18,21

No podemos dejar de resaltar esta cita del antiguo testamento, por lo sistémica ya que como vemos en las constelaciones familiares, es verdad que los sucesos más dolorosos se pueden repetir, y se repiten hasta cuatro generaciones después.

Éxodo, 34, 6 dice: “clemente y misericordioso, tardo para la ira, y lleno de lealtad y fidelidad, que conserva su fidelidad a mil generaciones y perdona la iniquidad, la infidelidad y el pecado, pero que nada deja impune, castigando la maldad de los padres en los hijos y en los nietos, hasta la tercera y cuarta generación”.

Mensaje contradictorio donde los haya: si Dios es misericordioso, clemente, y perdona, ¿cómo es posible que castigue la maldad generación tras generación?

Afortunadamente la cosa comienza a mejorar en el Nuevo Testamento, donde Jesucristo empieza exhortar a las masas a liberarse del juicio hacia los demás:

“El que esté libre de  pecado, que arroje la primera piedra”. Juan 8,7.

Mencionamos la Biblia por ser la religión más aceptada y practicada en España, teniendo en cuenta la hegemonía e influencia que ha tenido siempre en el desarrollo espiritual del país. Padres e hijos han idolatrado a la iglesia desde los Reyes Católicos, en muchas ocasiones por miedo. El por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa, se ha instaurado en nuestro inconsciente a base de golpes de pecho, precisamente en el timo, glándula que a nivel energético se utiliza para grabar la información. La culpabilidad impide la libertad, la capacidad para pensar por uno mismo, porque es la materialización más densa a nivel emocional del miedo.

Pero en otras religiones como el islam, o el judaísmo se dedica un día entero a los rezos para que los pecados sean perdonados, siendo dos días de mucha importancia para estas religiones. Por lo tanto la mente humana cree que se merece un castigo.

Incluso el budismo dedica mantras para el perdón del karma.

¿De qué somos culpables los seres humanos? ¿Cuál es el pecado original por el que tenemos que ser perdonados? ¿Por qué cuando un bebé que es la máxima representación de la inocencia, nada más nacer, ya es culpable sólo por haber nacido? ¿Cuál es esa mancha que llevamos como un estigma en nuestro inconsciente colectivo?

Pecar significa errar el blanco. No es más que una equivocación, y las equivocaciones se pueden cambiar, pero eso no quiere decir que estemos en deuda ni que haya que pagar nada.

James Tyler Kent, un gran homeópata, decía que el pecado original es el error primigenio que hace creer al hombre que está separado de Dios, que está separado de todo, del resto.

Los seres humanos estamos todos unidos de una forma mucho más sólida de lo que podemos imaginar. Que no lo podamos ver con los ojos físicos, no significa que no exista este vínculo. Cada vez que proyectamos el dolor, la ira, el resentimiento, lo hacemos contra nosotros mismos. Es a nosotros a quienes estamos atacando. El entendimiento de que Dios lo único que quiere es nuestra libertad, nuestra ausencia de culpa, nuestra confianza y unión, es sanación. Comprender que todo lo que pasa, es un aprendizaje escrito por nosotros mismos para unirnos consciente e inconscientemente a los demás, eso es perdón. El perdón no entiende de razones, el perdón es la capacidad de asumir y aceptar que ya estamos redimidos. Que podemos avanzar sin miedo hacia nuestra libertad, porque es lo único que quiere Dios.

Todos los ataques que percibamos no son reales, es una ilusión que hemos creado inconsciente y conscientemente para seguir reafirmando que tenemos que sufrir.

A través de las constelaciones familiares entendemos que no estamos separados, que somos todos uno, que no hay necesidad de perdonar nada, porque el ataque simplemente no es posible. Es un engaño del ego. Pero para poder tomar conciencia de esto a veces es necesario liberarnos de las cargas que residen en el inconsciente y que nos impiden ser fieles a nuestra felicidad. Por eso, porque vuestra liberación es la nuestra, os esperamos con los brazos abiertos para acompañaros hacia la verdad que hay en vuestro interior. Porque el verdadero perdón es entender que sois ya inocentes.

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